Oasis
En el desierto oscuro encontré, a tientas, un oasis. Estaba escondido entre arboles de graciosidad amorosa, como quien desea no amanecer sentado en un lugar. Me bañé en las aguas espumosas de su tina, me acurruqué en sus delirios de placer, en su cama de arena, en su mujer infantil, cuyo deseo no tenía límite. Y vivo, vivo para contarlo. Aluciné y sé que es la mejor alucinación de mi vida. Y la mujer sentada a la orilla de la cama de arena, me dio todo lo que había en ella. Dejó que entrara en su interior fértil y saboreara el placer de delirar.

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